Persiguiendo el Viento: Michael Owen y su Fugaz Gloria

Persiguiendo el Viento: Michael Owen y su Fugaz Gloria

En la noche del 30 de junio de 1998, Francia pertenecía a un joven de 18 años. Cuando el pase de Beckham cruzó el campo, el muchacho con la camiseta número 20 desgarró toda la defensa de Argentina con su velocidad, disparó antes del desesperado quite de Ayala, y el balón se curvó hacia el ángulo lejano. En ese momento, el mundo supo su nombre: Michael Owen, y su apodo: «el Chico del Viento Perseguidor».

Antes de la Fama Repentina

La historia de Owen comenzó incluso antes. Nacido en Chester el 14 de diciembre de 1979, empezó a jugar al fútbol bajo la guía de su padre a los siete años. Su padre Terry era futbolista profesional que jugó en el Everton — aquellas frías mañanas pasadas en el parque local sentaron las bases de todo lo que vendría después.

Se unió a la academia del Liverpool a los 13 años, debutó en la Premier League y marcó con 17 años y 143 días, convirtiéndose en el goleador más joven de la historia del Liverpool. En la temporada 1997–98, con solo 18 años, ganó la Bota de Oro de la Premier League con 18 goles en liga — un récord que aún mantiene como el ganador más joven. En el fútbol inglés de aquel cambio de siglo, era el internacional más joven y el que más rápido se ganó el corazón de los aficionados.

Cumbre y Gloria

En 2001, Owen alcanzó la cima de su carrera. Ese año, lideró al Liverpool para conquistar cinco títulos — la Copa de la Liga, la FA Cup, la Copa de la UEFA, la Supercopa de Europa y la Community Shield — completando un histórico quintete que asombró al fútbol inglés. Ese mismo año, en las eliminatorias para el Mundial, marcó un hat-trick contra Alemania en el Estadio Olímpico de Múnich, impulsando a Inglaterra a una goleada por 5–1 contra su archirrival — una victoria legendaria que aún hoy los aficionados recuerdan con cariño.

A finales de año, Owen, de 23 años, levantó el Balón de Oro, superando a Raúl y Oliver Kahn para convertirse en uno de los ganadores más jóvenes del galardón. En ese momento, el Chico del Viento Perseguidor parecía haber tocado el mismo cielo.

Giro y Desencanto

El destino suele plantar sus giros en la cima del esplendor.

En 2004, Owen fichó por el Real Madrid, solo para encontrarse como el quinto delantero detrás del estrellato de Ronaldo y Raúl. Regresó a la Premier League al año siguiente para unirse al Newcastle United, lleno de ambición. Pero en la antesala del Mundial de 2006, sufrió una grave lesión — una fractura de metatarsiano — y forzó su regreso para llegar al torneo. En el partido de fase de grupos contra Suecia, a apenas un minuto del inicio, se resintió de la lesión sin contacto, y la imagen de él arrastrándose fuera del campo partió el corazón de los aficionados.

Desde entonces, las lesiones le persiguieron como una sombra. La velocidad — su arma más letal — le fue arrebatada poco a poco. En 2009, fichó por el Manchester United como agente libre. Aunque marcó un gol en el descuento en el derbi de Mánchester y finalmente logró ganar la Premier League, la figura que una vez corrió como el viento se fue desvaneciendo hasta convertirse en un fondo de pantalla en el banquillo.

El 19 de marzo de 2013, Owen, de 34 años, anunció su retirada al final de la temporada. Su paso por el Stoke City fue tan olvidable que muchos aficionados ni siquiera sabían dónde se encontraba.

Recuerdos de Juventud

La carrera de Owen fue como un magnífico fuego artificial — floreció brillantemente y se desvaneció demasiado rápido. La fortuna le dio pocas treguas con las lesiones, pero el destino le favoreció demasiado pronto. Sin embargo, los recuerdos de aquellos días persiguiendo el viento quedaron grabados en la juventud de toda una generación de aficionados: la espalda que Argentina no pudo alcanzar en 1998, el júbilo del quintete en 2001, y esos momentos en que el mundo entero contenía la respiración mientras él sprintaba con el balón.

Hoy, el «Chico del Viento Perseguidor» ha colgado las botas hace tiempo. Pero cada vez que el viento sopla sobre el verde césped, la gente sigue pensando en aquel muchacho de blanco, corriendo como el viento. Ese recuerdo no solo pertenece a Owen, sino al amor más puro y sincero de toda una generación por el fútbol.